Estocolmos criollos, por Enrique G. Avogadro

"El poder de los lideres es directamente
proporcional a la imbecilidad de sus seguidores"
Winston Churchill

Debo, inicialmente, pedir disculpas a los muchos que han manifestado su adhesión a la plataforma del P.A.D. (https://tinyurl.com/y8cyxhto), y también a quienes han sugerido algunos cambios, por la demora en convocar a la reunión fundacional; espero poder concretarla este mismo mes, ya que dependo del local que me he propuesto alquilar para  esa ocasión.

Esta semana varias encuestadoras han informado que Cristina Fernández y Mauricio Macri están parejos, tanto en su imagen positiva cuanto en su rechazo. La razón, en el caso de éste, tiene fundamentos lógicos, toda vez que la crisis económica y el aumento de impuestos, con profunda recesión y galopante inflación, además de gravísimos errores, golpea fuertemente a toda la población, en especial a sus votantes originarios, o sea, la clase media urbana; de todos modos, reitero, creo que éstos, aún con la nariz tapada, volverán a votarlo.

En cambio, como una nueva versión del síndrome de Estocolmo, el apoyo a la viuda de Kirchner resulta irracional, en especial porque su núcleo duro se ubica en los sectores más pauperizados de la sociedad, precisamente aquéllos que resultaron más afectados por el monstruoso saqueo que ella encabezara y que todos los días produce revelaciones cada vez más escalofriantes sobre los enormes montos robados a todos los ciudadanos; si esos irracionales fieles se detuvieran a pensar en cuántos hospitales, cloacas, redes de agua potable, escuelas, rutas, viviendas, etc., se hubieran podido construir, y cuántas vidas se hubiera podido salvar con las cifras que los cuadernos desnudan, deberían salir a la calle a pedir su inmediata detención, hoy frenada por sus cómplices colegas del H° Aguantadero.

La paralización de los vuelos de Aerolíneas Argentinas, "su (de ellos) compañía", perjudicó directamente a 70.000 pasajeros que quedaron varados, e indirectamente a todos los argentinos, puesto que la empresa no sólo es deficitaria y depende de nuestros impuestos, sino que su prestigio -y, consecuentemente, su capacidad de venta de pasajes- quedó nuevamente dañado. La huelga salvaje, disfrazada de asamblea, ratifica a la necesidad de que los servicios públicos (transporte, seguridad, salud, educación y justicia) sean incluidos legalmente en una categoría que impida su interrupción, como fuera propuesto en la plataforma del PAD.

En especial porque la contemporánea foto de los cinco i-responsables que conducen los  sindicatos aeronáuticos, todos ellos sonrientes y felices, no pudo ser más demostrativa, para quienes conocemos su filiación política (adheridos a La Cámpora o a Hugo Moyano), de los niveles de agresión que está dispuesta a alcanzar esa oposición para agredir al Gobierno y, mediante su hipotética derrota en las urnas o su lisa y llana destitución, evitar el riesgo concreto de cárcel que enfrentan sus líderes políticos.

Y ello nos lleva, sin solución de continuidad, a la perspectiva de violencia que traerá aparejada la reunión del G-20 a fin de mes en Buenos Aires. Hay suficientes antecedentes en las otras ciudades del mundo en que se celebrara el encuentro en años anteriores, con la presencia de los agresivísimos grupos antiglobalización y, si a ellos les sumamos nuestras propias organizaciones trotskistas, siempre dispuestas a romper todo para imponer sus alucinadas teorías, tenemos enfrente un cocktail explosivo.

Uno de los pocos aciertos de esta administración nacional fue la designación como Ministra de Seguridad a Patricia Bullrich, que ha demostrado poseer el carácter y los atributos necesarios para enfrentar cualquier situación, por conflictiva que ésta sea. Sobre ella recaerá la responsabilidad de combatir -porque será un combate- a quienes saldrán a protestar agresivamente; claro que, para ello, contará con la esencial colaboración de los equipos de custodia que acompañarán a los mandatarios más importantes del mundo durante su visita a nuestro país.

En un pobre remedo de la situación que se generó en Mar del Plata en 2005, cuando Hugo Chávez, secundado por Evo Morales y Diego Maradona, con el guiño de Néstor Kirchner, organizó una "contra-cumbre" para repudiar la presencia de George W. Bush en la Argentina, hay rumores que señalan que ahora podría hacerse algo parecido, en apoyo a Cristina Fernández; si se produjera, vendrían Dilma Rousseff y, quizás, Pepe Mugica.

El disparate original constituyó un gratuito agravio a las instituciones norteamericanas, no sólo a su Presidente, y nos costó enormemente en términos políticos y económicos; si ahora se concretara, cuando está previsto un enorme respaldo económico por parte de los Estados Unidos, una vez más resultaría aplicable la frase de Karl Marx -"la historia se repite, la primera vez como una gran tragedia, la segunda como una miserable farsa"-, ya que las máximas exponentes del clepto-populismo latinoamericano están muertos (Kirchner y Hugo Chávez), presos (Lula), prófugos (Rafael Correa), o demasiado complicados para acercarse a estas playas (Nicolás Maduro, Evo Morales, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega).

Las elecciones de los Estados Unidos introdujeron cambios significativos en el panorama político de esa gran potencia. En primer término, por la recuperación de la mayoría en la Cámara de Representantes por el Partido Demócrata, que implicará algunas dificultades para la gestión de Trump; además, por el incremento en el número de votantes, sobre todo de mujeres, y la presencia entre los nuevos gobernadores y parlamentarios de miembros de algunas minorías (musulmanes, jóvenes latinoamericanos y homosexuales). Pero también significaron un fuerte respaldo al Presidente que, reduciendo impuestos, ha logrado una fuerte recuperación de la economía y una marcada caída en el desempleo.

Para concluir, me parece que todos debemos reflexionar sobre una nota publicada ayer en La Nación, referida al estudio anual que realiza Latinobarómetro sobre 20.000 entrevistas. Surge del mismo que sólo el 48% (en Argentina, el 59%) de quienes habitamos desde México al sur cree que la democracia sea el mejor sistema de gobierno, tal como sucede en el mundo, que parece haberse vuelto loco de repente.

Los mayores países de la Comunidad Europea que, desde la década del 50 venían protagonizando el experimento asociativo voluntario más exitoso y dado al continente el período más prolongado de paz de su historia, hoy están pasando por crisis gravísimas: Alemania, España y Francia tienen a sus gobiernos en jaque, Italia se ha embarcado en un viaje de ida al populismo, Gran Bretaña enfrenta la dura pared del Brexit, Hungría ya está en manos de la ultraderecha y Holanda y Suecia ven peligrar su estilo de vida por similares circunstancias. Y en América, Donald Trump y Jair Bolsonaro parecen estar dispuestos a probar la resistencia de sus instituciones nacionales, en una posición simétrica a la Evo Morales y su inconstitucional vocación por la reelección indefinida.

Como se ve, es muy difícil hoy hacer predicciones, aunque fueran sobre el futuro inmediato. Lo único que tengo claro, aunque suene desesperanzado, es que no estaré aquí para ver las mutaciones que, casi con seguridad, afectarán la vida de mis hijos y nietos, comenzando por el cambio climático, que está devastando ahora a Europa con sus insólitos huracanes caribeños.
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