El mágico Parque Miguel Lillo de Necochea


El Parque Miguel Lillo de Necochea integra la lista de los imperdibles paseos a realizar. Es el verdadero pulmón verde, lugar de recreación y oxigenación fruto de la creatividad, el tesón y el laborioso esfuerzo humano puesto al servicio de un objetivo: forestar las indómitas dunas y médanos que existían hace décadas a lo largo de la costa local.


Se pueden realizar un montón de actividades al aire libre, ofrece múltiples servicios y posee interminables senderos que integran los circuitos aeróbicos y diversos caminos que tienen su inicio o fin en los extremos del área para perderse en su interior, recorriéndolos a pie, en bicicleta o en los típicos “carrilindos”.


El Parque arranca desde la calle 89, hacia el oeste, entre las Avenidas 2 y 10. Comprende unas 640 hectáreas de reserva forestal y más de un millón de especies arbóreas (en su mayoría coníferas) que son el resguardo de aves de esta zona; ubicado en el sur de la Villa Díaz Vélez y frente al mar.


Al recorrerlo, todo visitante siente una energía especial y la magia, como en los lugares que se relatan en los libros de cuentos, cuando hablan de un bosque encantado, ideal para pasar largos momentos sintiendo el intenso aroma de la naturaleza con todo el cuerpo.


Tiene un gran portal de entrada en la Avenida 10 y 91, y la Avenida Pinolandia es la vía más tradicional y principal de circulación por donde iniciar un paseo maravilloso.


Dicho portal con escalinatas es uno de los comienzos para una caminata recorriendo el Jardín Francés, apreciar un reloj de sol, disfrutar de un espectáculo en el gran Anfiteatro “Pedro Arozarena” o solo admirar su entorno, visitar los Museos Histórico “Egisto Ratti” o el de Ciencias Naturales, pasando por los juegos infantiles y calesita para los más chicos, el Jardín Japonés con los coloridos cerezos, degustar un rico asado en los diferentes fogones, recorrer una parte arriba de un pintoresco trencito, entre tantas imperdibles propuestas.


 Recorridos


En vehículo se puede iniciar el recorrido por Avenida 2, pasando por el laberíntico Jardín de Rocas, el renovado Lago de los Cisnes con sus bicicletas acuáticas, disfrutar de los servicios de un completo camping o los nuevos paradores costeros, admirar la contrastante vista con el mar de un lado y el Parque del otro. Y en su final luego de unos 5 kilómetros, con el Parque Eólico Necochea de reciente construcción.


Si en cambio, el paseo se realiza por Avenida 10, también hay propuestas para todos los gustos y contemplan una variada oferta gastronómica, alquiler de bicicletas o caballos para paseos, el vivero municipal, un velódromo, campings, clubes y cabañas de primer nivel, entre otros.


La experiencia de explorar cada sector del Parque, perderse en su interior y sentir la tranquilidad, el silencio y poder contactarse con la naturaleza en su totalidad es realmente indescriptible. Sin dudas es otro lugar espléndido adonde pasar un momento agradable y regocijarse con el verde majestuoso que lo hace en un entorno único.


Historia


El Parque Miguel Lillo comenzó a gestarse en el año 1948 y las tierras que hoy ocupa pertenecían a la familia Díaz Vélez, que habitaban en una casona de estilo colonial (hoy Museo Histórico Regional) rodeada de cuatro hectáreas de bosque de eucaliptos y cipreses.


Poco a poco fue surgiendo un magnífico bosque constituido por cinco variedades de pino Piñonero, de Alepo, Insignis, Marítimo y Thunberggi, a cuyo reparo prosperaron otras especies herbáceas y arbustos de una sorprendente variedad y que permitieron frenar el avance de las arenas transportadas por el viento que sopla desde la costa. Su nombre evoca a un reconocido botánico tucumano pionero de la investigación en el país.

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